Aroa García
Una semilla en crecimiento
Aroa

Hubo una vez que un hortelano recibió una semilla desconocida hasta el momento. La gente del pueblo, invadida por la curiosidad, le apeló a plantarla para comprobar qué misterio habitaba en su interior.

El hortelano depositó la semilla en la mejor de sus tierras, la protegió, y confió a que el tiempo les desvelara ese supuesto secreto. La gente, inquieta, pasaba por la huerta y colmaba de cariños al pequeño brote que tímidamente comenzaba a asomar: unos la regaban, otros la contaban historias y, cuando hacía frío, había incluso quien la arropaba.

Con el paso de las estaciones, efectívamente nació una hermosa planta con cualidades jamás vistas en el lugar. En el tallo aparecía grabada la palabra superación; de allí brotaban ramas con forma de sonrisa. Cada mañana, la planta amanecía con nuevas flores repletas de pétalos escritos con bellísimas ideas: tenacidad, compañerismo, ilusión, ganas de aprender…

El pueblo la adoraba. El día que pusieron nombre a aquella hermosa planta, nadie lo dudó: “La llamaremos Aroa”.