“La comida sabe mejor si los cocineros tienen contacto visual con sus clientes”. A esta conclusión llegó un estudio de la Universidad Harvard Business, de Boston en EE.UU, y que conocimos a través de las redes sociales. Los experimentos reales en un restaurante de aquella ciudad, en escenarios donde cocineros y clientes se podían ver los unos a los otros, mostraron que la satisfacción del comensal aumentaba y los servicios eran más rápidos y eficaces. El cocinero sentía el aprecio de los clientes, lo que generaba un incremento en el grado de satisfacción por su trabajo y en el compromiso por su esfuerzo. Y no era solo una percepción: el ensayo comprobó que un plato con huevos que en la cocina elaboraban con antelación y recalentaban en el grill, en estas situaciones de transparencia, comenzaban a prepararlos al momento, al cantar la comanda el chef.

En esta historia nos apoyamos para presentar el noticiero de mayo. La transparencia crea valor, y no tiene coste. Esa es una de las creencias que dan vida a nuestro canal de YouTube, en el que vamos camino de los 200 vídeos subidos. Pero un sentimiento más poderoso aun es la gratitud, como la que nos habéis generado con la respuesta a la llamada de Antony: tres llenazos históricos que quedarán imborrables en nuestra memoria.

El estudio de la Universidad americana recalca la idea que, al hacer al comensal visible, el acto de cocinar recobra un nuevo sentido. Y estamos de acuerdo. Cuando así nos sucede en lakasa, el escabeche de pintada y espárragos blancos o la coca de trigueros con setas de primavera o el costillar de cochinillo con mandarinas logran tener rostro. Esta humanización actúa de estimulante natural en el devenir diario de nuestra profesión.

Si como clientes percibimos el esfuerzo de personas por complacernos, nuestra evaluación estará condicionada positivamente. El buen trato ayuda, de manera primordial, a alcanzar los objetivos. En lakasa pondremos toda la amabilidad “en el asador” para contar cómo cocinaremos el atún rojo salvaje durante esta temporada que recién comienza. ¿Os apetece probar una danza del atún? Ojito con las sorpresas que nos trae el pez limón. Carnes como el pichón y el corzo se sumarán a la fiesta. Y por ahí ronda una sopa fría que… ¡nos dejará helados!

La cocina necesita transmitir placer y la manera de conseguirlo es divertirse cocinando. Traer unas parrochas, ahora que comienza la plenitud de su temporada, y recuperar las ortiguillas, que nos llegan directamente desde Cádiz, es un discurso que no habla solo de comer, sino de desarrollar una conciencia sobre el valor del producto, de las temporadas, de lo artesano… pero, además, si a estas palabras las pasamos el pelador, como hacemos este mes con el espárrago, aparece la necesidad de continuar reinventándonos, la obligación de mejorar, pasito a pasito, de amarrarse a un futuro con todas las ganas y el optimismo del mundo. Y todo vinculado desde el eje cocina-sala-cliente. A nosotros no se nos ocurre nada más divertido.

Feliz mes de mayo.

Pasa y disfruta del Noticiero.

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