Cada julio, con su llegada, volvemos a hablar de su procedencia, de su cultivo en palos de madera y de las mareas de la bahía del Mont-Saint-Michel. De todo el cuidado que hay detrás.
Este año, sin embargo, hemos preferido fijarnos en algo distinto: en la sensación que nos deja volver a probar los primeros de la temporada. Seguro que sabes de qué hablamos.
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